Ana Rubio Castro, catedrática de Filosofía del Derecho y presidenta de la Sociedad Española de Filosofía Jurídica y Política de España, estuvo en la Universidad para hablar sobre la conexión público-privada en el desarrollo de la ciudadanía igualitaria, durante la VII Jornada de Derecho Constitucional.

En esa ocasión, Rubio resaltó la importancia de que los Estados garanticen y creen condiciones dignas para los seres humanos sin importar su nacionalidad.

Asimismo hizo un énfasis en la desigualdad que viven las mujeres en los ámbitos políticos, sociales y económicos. Especialmente de las labores del hogar que no suelen ser reconocidas como un trabajo en el mercado y que no son remuneradas ni reconocidas en su mayoría.

En una corta entrevista, la catedrática habló sobre el poder que se tiene como sociedad y las acciones que se pueden tomar para hacerle frente a esta situación.

¿Cómo deberíamos reconstruir los derechos fundamentales o adaptarlos a la realidad?

Algunos grupos sociales fuimos excluidos del discurso de los derechos, de la Política, a nivel jurídico. Fuimos excluidos a través de un acto político, que decidió que nosotros vamos a formar parte del poder, y estos otros sujetos son excluidos. ¿Por qué hacer ese diagnóstico es importante? Porque si las mujeres no fueron excluidas de la política y del derecho a través de una norma sino a través de un acto político, el Derecho no puede corregir esa situación, tiene límite para corregir esa situación de discriminación, de no reconocimiento como sujeto, de igual valor. ¿En qué sentido? De igual valor para ser representante colectivo a nivel político, para tener la misma autoridad, para que cuando nos pongamos en un auditorio de hombres y mujeres nuestra voz sea escuchada como una voz con autoridad para representar a todas y a todos, no solo al colectivo de mujeres, a sus problemas o a su necesidad, esa imagen de autoridad, cuando se tiene déficit, como tenemos las mujeres, ¿qué ocurre? Que entonces nuestro liderazgo, el poder ocupar posiciones donde se exige esa representación colectiva tiene déficit.

¿Cómo trabajar como sociedad para lograr esa igualdad que tanto buscamos?

Me parece imprescindible hacer cambios a nivel constitucional para hacer ese reconocimiento de hombres y mujeres como sujetos de igual valor y luego la sociedad. Es muy importante poner en valor todo el trabajo que hace la mujer. No solo el trabajo, porque una de las desventajas es que desconectamos lo que ocurre en el espacio doméstico familiar de la producción del mercado. Pero es que en la casa, en las familias producen bienes y servicios, se hace trabajo puro y duro. Además es un trabajo que tiene el inconveniente de que no es fácil trasladarlo al mercado. Porque los bienes y los servicios que producen las familias, esencialmente las mujeres tienen dentro del contexto doméstico familiar un trabajo personalizado que está marcado por los afectos y ese trabajo, ese cuidado, no lo puede proporcionar el mercado, no hay precio para poner.

Cuando la sociedad entiende que todas las personas tenemos que desarrollar nuestra esfera profesional, pero también tenemos la responsabilidad de asumir nuestra parte alícuota de trabajo en casa, estoy hablando de corresponsabilidad del trabajo doméstico, de crianza, en el cuidado de mayores, en la propia supervivencia de los seres humanos, y reconocer que todas las personas que trabajan necesitan también hacer ese otro trabajo. Hoy en día ocurre que el hombre y la mujer trabajan fuera de casa pero cuando las mujeres llegan a casa empieza la doble jornada de trabajo, que no solamente la agota físicamente, que le obliga, sino que además su talento, su promoción, tiene dificultades porque hay alguien que está dedicando todo su tiempo vital a sí mismo y a su carrera, que luego encuentran en el espacio del hogar el espacio de libertad, puesto que se ha desentendido de todas esas necesidades y coberturas, mientras que otra persona a lo que llega casa se ve sobrecargado y con la angustia.

A veces, en ocasiones, la culpa de que muchas mujeres trabajadoras, con carreras, que exigen mucha disponibilidad de tiempo sienten que no están dando el 100 % en su trabajo, que no le va a permitir promocionarse como desearían y que tampoco están dando todo el tiempo el esfuerzo que ellas querrían dedicar en la crianza de su hijo o a su pareja, o a veces la sensibilidad que tiene para cooperar con su barrio o para hacer política en el sentido de participar construyendo espacios de lo público.

¿Constitucionalmente o desde la política podríamos hacer algo para reconocer esa labor doméstica?

Claro, yo creo que lo primero que hay que poner sobre la mesa es que tenemos que diseñar ciudades. Tenemos que organizar nuestros tiempos de trabajo, tenemos que articular los horarios escolares, haciendo posible que todas esas personas que tienen esas responsabilidades puedan cubrir todas esas necesidades. Cuando tenemos horarios de trabajo que lo hacen incompatible con los horarios escolares, cuando no tenemos recursos adecuados desde que nace un bebé, cuando empieza la escolarización, no se tienen recursos para que las mujeres que no tienen un alto nivel de renta puedan llevar a su hijo a que esté en cuidado, cuando no reducimos jornadas de trabajo que además hoy la tecnología lo permite.

Hoy día tenemos un nivel de productividad que no necesitaríamos trabajar más de cuatro horas y mucho ya sería cinco, porque hoy en día hacemos un trabajo en una hora, lo que antes tardábamos una semana. ¿Qué es lo que está ocurriendo? Que se está produciendo mucho desempleo porque solo una élite controla un trabajo y debemos de compartirlo, y en ese compartir el trabajo monitorizado, también  compartimos responsabilidades de cuidado. Porque claro, no solo estamos cuidando a menores, a mayores, y a personas enfermas, sino que estamos cuidando a todos esos hombres y mujeres sobrecargados de trabajo que no tienen tiempo para ir al supermercado, para ir a la lavandería, para recoger a los niños del colegio, para llevarlos al médico.

¿Cómo podríamos acabar con eso?

Tenemos las condiciones tecnológicas, absolutamente para hacerlo posible. Lo que está ocurriendo es que en vez de utilizar toda esa tecnología para ponerla al servicio de las personas, como se había dicho en el pasado, para redistribuir riqueza, para distribuir equidad, responsabilidades y recursos, lo que estamos viviendo en esta última década es un retroceso puesto que la tecnología se está utilizando para explotar más a las clases trabajadoras, para someterlo a mayores controles, para extender el tiempo de trabajo donde ya no hay separación entre la vida privada y la vida profesional. Antes salíamos de nuestro trabajo y el trabajo se quedaba allí, ahora con nuestro móvil, las personas las vemos que están trabajando cuando van en el tren, cuando están por la calle, un sábado, un domingo, a las 2 a. m. a las 6 a. m., a cualquier hora del día. Lo que estamos viendo es un proceso de sobrexplotación.

Usted habla de la “resignificación” de la ciudadanía, ¿qué quiere decir eso?

Tenemos las personas sin recursos y sin poder necesitamos del Estado, porque la única forma de tener derechos es que tengamos un sistema de protección, que lo satisface el Estado que se encarga de sancionar a quien viola, que tengamos mecanismo de protección para denunciar cuando nuestros derechos son violados, por lo tanto el Estado pretende reducir el Estado a un Estado mínimo, es perfecto para quien tiene recursos, medio y dinero y no necesita del Estado. Pero claro, para la gran mayoría de la población el Estado es un elemento que redistribuye renta, que crea condiciones materiales de vida para garantizar nuestra dignidad, por lo tanto el Estado es imprescindible.

Los Estados tradicionalmente solo se ocupaban de dar esta cobertura a las subnacionales y se paraban, los otros parecían que no tenían derechos o si le reconocían los derechos eran unos derechos mínimo, básico, y le llamamos derecho humano porque el otro sentido más fuerte de derechos fundamentales lo reservaba solo para los nacionales.

A mí me parece que hoy en día, en la realidad y en el contexto en el que vivimos, los Estados deben garantizar los derechos a cualquier persona que esté en su territorio, sea nacional o no. Y eso implicaría que si tú viajas a España te definimos, esto quiere decir que tú tienes tu ciudadanía colombiana y si viajas a trabajar en España, a ti cuando te vayan a dar un puesto de trabajo te vean igual que a una persona nacional y te asimilen respecto a las oportunidades que te den para poder trabajar, que no te pongan obstáculos mayores que a un nacional, que te permita la promoción en tu trabajo, que te permitan un salario exactamente igual. Para eso necesitamos que nuestra idea de ciudadanía se desconecte solo de la nacionalidad para tener esa visión de que tenemos como parte del género humano que además nos da respaldo todo el derecho humanitario, los grandes tratados de reconocimiento de derechos humanos básicos, desde ahí hay fundamento suficiente para que los Estados hagan esa ampliación en la protección, que estén cuidando no solo a sus nacionales sino a las personas que trabajan y viven allí para que sean reconocidas como personas de igual valor con la misma dignidad y que se merecen el mismo respeto.

 

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