El programa de Economía de la UNAB trabaja porque sus estudiantes complementen su formación con base en las tendencias propias de la profesión. Es así como desde el primer semestre de 2018 se creó el semillero Datametal, enfocado en el área de la economía del comportamiento o experimental. Sobre este tema hablamos con Manuel Muñoz Herrera, economista de la Universidad Industrial de Santander (UIS), Magister en Economía de la Universidad de Valencia, y quien actualmente se desempeña como investigador posdoctoral en la Universidad de Nueva York en Abu Dabi. El experto estuvo de visita en la UNAB para realizar un workshop con estudiantes.

¿A qué se refieren con el término de economía experimental?

Surge como una especie de necesidad de poder estudiar las cosas que se predecían a través de modelos matemáticos en la economía, acerca de cómo funciona un mercado. Hay cosas que predice el modelo, pero no están en los datos porque no se pueden cuantificar. La idea de los experimentos en economía partió de ver si las cosas que predecía la teoría económica se podían ver empíricamente y para eso se hacían experimentos.

¿Qué tipo de información se puede obtener con estos experimentos?

La economía experimental ha evolucionado a muchas cosas. Ya no solo queremos ver si la teoría es correcta o no, si no que se puede usar para tratar de entender los intereses y los incentivos que tiene la gente cuando toma decisiones. Entonces, esta área ahora cumple unas funciones de exploración y de desarrollo de nuevas teorías. Al yo hacer un experimento con la gente puedo aprender sobre cómo se comportan en agregado o muchos individuos en distintas situaciones, y puedo empezar a ver qué otros factores, aparte del dinero, motivan sus decisiones. Me permite mirar qué pasa en situaciones de incertidumbre cuando tengo dos casos: uno que me favorece y otro que no.

¿Cómo funciona la economía del comportamiento en el aula de clase?

Los experimentos en al aula tienen la intención de facilitar el entendimiento de temas complejos. Es como realizar un juego de roles en donde unos son compradores y otros son vendedores. A esta ecuación le metemos el factor dinero y vemos bajo qué condiciones la gente varía su comportamiento.

Fuera del aula ¿qué alcance tienen los experimentos de este tipo en la economía?

En los últimos años ha tenido un fuerte impacto en la desarrollo de política pública. Por ejemplo, el reporte de desarrollo de 2015 entregado por el Banco Mundial, está enfocado en economía experimental. Obama tenía una oficina de economía del comportamiento dentro de la Casa Blanca, es decir que ya hay una validación de instituciones grandes para usar los métodos experimentales. Un gobierno ya no tiene que implementar una política pública en una población para saber si funciona o no, puede comenzar a medirla, ya sea a través de experimentos de laboratorio o de campo (con población real) y afinar detalles. Eso ahorra dinero.

¿Cómo está Colombia en la formación y demanda de economistas con este perfil?

Lamentablemente en los gobiernos latinoamericanos no hay mucha inversión en eso y tampoco hay mucho economista experimental que pueda asesorar a un gobierno local. En Colombia hay un poco más de conocimiento en instituciones educativas como la Universidad del Rosario y la Universidad de los Andes. La Economía experimental es un camino, pero no el único ni el más importante, porque es muy específica y solo será útil si va acompañada de otras herramientas.

¿A qué le apuntan los experimentalistas como usted?

El anhelo de la economía experimental es que se replique en otras culturas y con otros enfoques, para que el agregado de estos estudios nos permitan generalizar cosas.